lunes, 16 de julio de 2018


Invitación al viaje: Literatura para recorrer el mundo.

Hay muchos. Esta sólo es una selección de algunos de los míos, escritores-viajeros que han ensanchado mi mundo y han conectado con esa sed por descubrir, por abrir horizontes a golpe de palabra. Hay escritores que cuentan una historia y son buenos, hay otros que cuentan grandes historias y son muy buenos. Y están esos que cuentan historias y crean literatura. Como diría Brecht, esos son los imprescindibles.

Algunos de mis imprescindibles son:

JMG Le Clèzio. Ganó el Nobel en 2008 pero es bastante desconocido. Posiblemente el escritor que más me ha inspirado y al que debo mi primera novela (todavía sin terminar). Lo conocí cuando estudiaba francés y en uno de los libros de texto encontré “Le Temps ne passe pas”, breve relato sobre un amor adolescente. Me golpeó muy fuerte en algún lugar, David, con la foto de Zobeïde, a la que nunca volverá a ver. Recomiendo cualquiera de sus libros. Su escritura es toda una experiencia en si misma, evoca planicies infinitas, barcos que van hacia lejanos destinos, la llamada del viento y la libertad ¿qué decir de él? Lo amo.
Alguno de los que más me han gustado son: Mondo y otras historias, Desierto, La Cuarentena, Viaje a Rodrigues, Ourania, El Africano, Onitsha, El Pez Dorado, Diego y Frida, El Buscador de Oro.

Cees Nooteboom. Holandés. Errante. Otro grande de mirada ancha y horizontes sin fin. A éste me lo encontré en otro viaje, como tiene que ser, en la estantería de una librería de aeropuerto. Dudé mucho pero salí con Le Matelot sans Lèvres (un libro que no aparece nunca entre las obras de Nooteboom, por deseo expreso del autor, creo). Me quedan muchos por leer pero algunos de los que he disfrutado más son: Hotel Nómada, Rituales, Mokusei!, El Día de Todas las Almas, La Historia Siguiente, El Desvío a Santiago.

Arthur Golden, Memorias de una Geisha. Nunca he vuelto a leer nada más de este autor. Lo cogí en la biblioteca un poco de mala gana porque no encontraba nada que me gustase en inglés y me fascinó desde la primera página. Fue como entrar en un cuadro de Hokusai, en una escritura de infinitos pliegues, trazos, matices y sentidos. Pura sensibilidad.

Marcela Serrano. Otro amor a primera lectura. Me la presentaron en Cuba, y desde entonces Antigua Vida Mía se ha convertido en el libro en el que me gustaría vivir y morir. Esta mujer es capaz de arrancar poesía de todo, de la guerra, del dolor, de la pérdida. Dale algo triste y lo convertirá en un grito de una belleza insostenible. Dale un lugar y te construirá un refugio para el espíritu. Ella es así. Algunos de sus libros son, por supuesto, Antigua Vida Mía y, Para que no me Olvides, Lo que está en mi Corazón, La Novena, El Albergue de las Mujeres Tristes, Hasta Siempre Mujercitas, Nosotras que nos queremos tanto.

John Le Carré. He crecido con él, ha estado en casa desde mi infancia pero no lo empecé a leer hasta muy tarde. Ha tenido el raro don de ser un escritor con talento y ser capaz de cautivar a muchos públicos notablemente diferentes. Quizá es el aliento de nostalgia de Smiley o las trepidantes aventuras de La Chica del Tambor, la guerra fría y los espías. O tal vez también el giro hacia nuevas temáticas como el compromiso con la integridad de algunos de sus personajes en El Jardinero Fiel, la Canción de los Misioneros o Una Verdad Delicada.


Ryszard Kapuscinski. No sé por qué me gusta tanto. Supongo que es porque tiene un algo entre inocente y sabio, va y viene entre lo personal y lo universal como quien se pasea por el pasillo de su casa. Es una voz auténtica que en mitad de lo duro, lo horrendo y lo grotesco sabe encontrar aquello que ennoblece, que dignifica la condición humana, que conmueve. Y encima es divertido. Encontré Imperio en un asiento del metro y me lo llevé. Dentro del libro había un papel con una dirección de correo electrónico y un número de teléfono. Tardé varios meses en llamar, la verdad. Supongo que me daba pereza, pero nadie contestó nunca ni al teléfono ni al correo. Cuando estaba llegando al final me di cuenta de que estaba defectuoso y faltaban un buen número de páginas. Me dediqué a leer sus otros libros para compensar. Viajes con Heródoto es uno de mis favoritos, también Ébano, El Emperador, El Sha, La Jungla Polaca.

Asne Seierstad. Se hizo famosa con El Librero de Kabul, que fue precisamente el primero de sus libros que leí. Este también lo cogí en la biblioteca y creo que por idéntico motivo al de Golden. Humanidad escrita con sus letras más grandes. Como en Kapuscinski se nota el estilo periodístico, pero también como él consigue que el escritor vaya más allá del periodista. Una verdadera aventura personal abierta y sensible. El Ángel de Grozni es otro gran título, así como Ciento y un días. El último que he leído ha sido De Espaldas al Mundo, que me ha gustado algo menos. Aun así, cien por cien recomendable.

Elena Poniatowska. Era lectura obligatoria así que me tragué Hasta no Verte Jesús Mío antes del examen y ahí la dejé. Este año empecé a pensar en ella como se hace con los amores antiguos cuando de repente te vienen a la memoria, con un poco de nostalgia y preguntándome qué habrá sido de ellos. Así que para recuperar el tiempo perdido la busqué y me encontré con Dos Veces Única, Leonora y La Piel del Cielo. Esta mujer escribe con una fuerza extraída del centro de la tierra y sus personajes son como su palabra, titánicos, feroces, imposibles. Escindidos entre la guerra interior y un corazón que deshoja margaritas a escondidas. Muy chido.

Y se me habían olvidado Joseph Conrad, que es de sobra conocido y no lo voy a comentar y Azar Nafisi, autora de Leyendo Lolita en Teheran, una verdadera joya para los amantes de la literatura. Su prosa es un verdadero deleite, tiene algo que me recuerda a Scott Fitzgerald (quizá porque habla tanto de él en el libro), imbricando su historia personal en un Irán sacudido por la revolución de los ayatollah con su amor por los libros. Podría haberse titulado "de cómo la literatura puede salvarnos de la locura colectiva", aunque, por supuesto, el título original está mucho más logrado. Y de paso le da un par de vueltas a la interpretación canónica de Lolita. Valiente  y necesaria.

Y este mes también incluyo la edición de Julio de la revista digital de poesía Intropia en la que participo con otros estupendos colaboradores.






Brunhilde Román Ibáñez
Los créditos de la imagen son de Stefania Berra, excelente fotógrafa y amiga. Su blog:www.iamwater.blue

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