Vuelve el sol a la misma mirada. A un año de la primera presentación de El viaje de Leo, sigo creyendo en el poder del asombro, el mismo que convocó a Marco Polo ante Kublai Khan y a Alicia ante el conejo. El que iluminó a Borges y a Ítalo Calvino, a Silvina Ocampo y Úrsula K. Le Guin. Hace falta preservar la maravilla
Y en el taller depoesía del mes pasado vimos muchas maravillas:
CIUDAD – Ángel González
Brillan
las cosas. Los tejados crecen
sobre las copas de los árboles.
A
punto de romperse, tensas,
las elásticas calles.
Ahí estás
tú: debajo de ese cruce
de metálicos cables,
en el que cuaja
el sol como en un nimbo
complementario de tu imagen.
Rápidas
golondrinas amenazan
fachadas impasibles. Los cristales
transmiten
luminosos y secretos
mensajes.
Todo son breves gestos,
invisibles
para los ojos habituales.
Y de pronto, no estás.
Adiós, amor, adiós.
Ya te marchaste.
Nada queda de ti. La
ciudad gira:
molino en el que todo se deshace.


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