domingo, 18 de agosto de 2019

Canto de Ereshkigal a Inanna

                         Canto de Ereshkigal a Inanna


                
               Ante lo velado
               mis manos no son sino episodios
              de lo invisible
              extensión de la luz danzando a quemarropa
              por los portales del tiempo
              las estatuas extraen su lenguaje de párpados vacíos
              y su origen viene de otro resplandor
              fénix vertido en la duración
              vértigo de ceniza en la ceniza

              El Gran Abajo,
              Inanna,
              El Gran Abajo,
              polvo entre los dedos de los dioses


              la rosa negra se consume en el temblor
              nadie volverá a contemplar mi rostro cuando te hayas ido




Este es el momento cósmico del reencuentro entre Ereshkigal e Inanna: la luz dentro de la luz, la sombra dentro de las sombra y las dos recorriéndose y entrando una en la otra. He querido dar voz a la Ereshkigal que no es otra que nuestro Gran Abajo, la que se consume cuando queremos mirarla, la que no permitirá ser tocada mientras no hayamos hecho nuestra labor de renuncia, de reverencia, de ofrendar. Entonces los velos que caigan nos permitirán el paso a lo oscuro, y al fondo de lo oscuro habrá otra oscuridad mayor. Esa es la que pide ser besada.


                                    Yo era el perseguidor 
                                 y tú la presa        
                                 unidos por un secreto vínculo:

                                 El saber que las cosas que saben mirarse
                                 siempre acaban 
                                 por regresar a su opuesto



Y el vídeo, en el que todavía me cuesta mirarme ¿será Ereshkigal quien aguarda tras la lente de la cámara?






Por si alguien no conoce los Himnos, este poema habla de la parte en la que Inanna desciende al infierno (el Gran Abajo), la morada de su hermana Ereshkigal o su yo oscuro. Cuando muere pasa tres días y tres noches colgada de un poste. En algunas versiones es resucitada, en otras Dumuzi, su amante, la reemplaza en el infierno para que ella vuelva a ser la diosa del cielo.
Poema y textos: Brunhilde Román - Grabación: Lunes de Lírica

4 comentarios:

  1. ¡¡Viva el Día de las Diosas Sumerias!!!

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  2. Es todo un placer escucharte recitar ese reencuentro, esa confrontación, ese cara a cara de las dos hermanas, entre la que gobierna por encima de la tierra y la que gobierna bajo ella. Gracias por darle nueva vida a esas polvorientas tablillas cuneiformes con tu voz.

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    1. Esas tablillas están llenas de vida!!! Yo las amo, igual que el encuentro con el yo oscuro. Graaaaaaaaaaaciaaaas, me alegra mucho que te haya gustado. Baci

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