miércoles, 7 de septiembre de 2022

Oración para Sanar el Linaje Femenino

 Escribí esta oración hace tiempo porque sentía a todas esas mujeres bullir en mí, en la sombra, como recuerdos ancestrales de esa herida colectiva que me espera a mí y a todas para ser mirada y comprendida, y así poder entregarnos los frutos de su transformación. 

Alguna de las frases las he tomado de las que se usan en constelaciones familiares porque realmente esta oración representa una constelación con todo ese potencial que yace oculto y pide ser nombrado y liberado. 

Se puede hacer como parte de un ritual, una meditación o un recordatorio cuando sintamos las partes de nuestro linaje femenino que todavía duelen. 

"Tu hermosura es el reflejo de la mía"  Un Curso de milagros


A la que fue obligada a abortar

A la que abortó voluntariamente y se duele

A la que murió en el parto

A la que fue obligada a prostituirse

A la que se prostituyó para poder vivir

A la que fue condenada

A la que se culpa y fue culpada

A la loca

A la desheredada

A la esclava

A la despreciada

A la que murió en la miseria

A la que murió en el miedo

A la que murió en el dolor

A la suicida

A todas nosotras,

Yo estuve allí

Yo os miro con amor

Ahora estáis en paz

Ahora estamos en paz

Yo os bendigo

Bendigo vuestro amor radiante

Vuestra vida radiante

Estáis en mi corazón

Sois amadas incondicionalmente

Todas lo hicimos lo mejor que pudimos

Vuestra vida no fue en vano, nada fue en vano

Estamos aquí para mirarnos las unas a las otras libres de juicio

Sois valientes, sois valiosas, sois importantes

Sois hermosas, sois libres, sois dignas

Sois necesarias

Sois amadas por la vida

Soy vosotras

Nos entrego el perdón

Sois perfectas tal como sois

Honro vuestro paso por el mundo

Todo fue perfecto tal como fue

Todo fue en nombre de un amor más grande

Ahora estáis en paz

Ahora sois amadas a través de mi vida

Asumo mi poder

Elijo el amor

Ahora somos libres.


💓 Gracias 💓



Brunhilde Román Ibáñez. Imagen de Julia C. Gray



jueves, 10 de marzo de 2022

Mitopoética y Escritura: Alfabetos, Borges y Graves

 

ALFABETOS

Holofernes era una música violenta

en sus ojos crecían planetas invisibles

y largos signos olvidados,

acariciaste su cabeza cercenada

la pronunciaste en el nombre de Judith

en el nombre de Juan

Salomé bailaba sobre pies de sándalo

Anibal lloraba en lechos de cedro y púrpura

mientras Borges escribía el reflejo del dios

sobre una letra

y Pierre Menard, autor de sí mismo,

huía bajo las estepas de Alonso Quijano


¿Quién contará el porvenir?

Cuando las palabras sean cuerpos tendidos

y su alfabeto se estremezca en frutos espesos

cuando la saliva de Cadmo escriba el primer signo

Y la leche de los párpados se abra sobre la madre Nisaba

cuando Ereshkigal dicte su ley oscura

en las cuencas vacías de los muertos

Y Cortázar hescriba palomas torcidas sobre los huesos

de Hécate, Hécuba, Herodías,

y la Poniatowska grabe con sus ojos silenciosos

las letras de Ogham en tablillas sumerias:


B por Beth

F por Fearn

D por Duir


Tiemblas como la mañana mientras tu corazón aguarda

sobre la lentitud de las flores

Tiemblas como tu sangre amarilla de respirar el sol,

de no creer ya más en la palabra

te reconozco en mi miedo

y sin embargo

hay pájaros posados en tu lengua

libo de tus labios la última gota de silencio


infancia de la luz

vuelve a mí tu alfabeto en la sed y la sombra

en la piel clamorosa

ofréceme de nuevo la vida

el ave feroz que late entre las flores del desgarro.

Haz en mí la palabra.




¿Por qué el alfabeto? ¿Por qué la escritura? Este tema obsesionó a Borges y a Robert Graves, los dos autores que estaba leyendo cuando escribí el poema. Por razones diferentes pero a la vez idénticas los dos confluyen en una búsqueda de los orígenes de la escritura. Graves para reivindicar su origen sagrado, Borges para resaltar el enigma de la creación de significado, del pensamiento simbólico, en tanto que los signos llevan en sí una idea que va más allá de ellos mismos. Y en ambos casos, el poder de la palabra solidificada en materia, ya sea papel, pergamino, piedra o tablas de arcilla.


El espejo, metáfora tan querida para Borges, tiene su correlato en la escritura, que es el reflejo del universo; el signo es una clave que remite al todo: así como la letra participa en un orden (el abecedario), el libro participa en el esquema universal de Dios. El texto contiene en sí multitud de niveles y significados, diferentes lecturas que se superponen, que se repliegan unas detrás de otras, sólo permitiendo a los iniciados el acceso a sus fuentes más profundas. El Libro es la Vida misma. La búsqueda del orden, del sentido, mientras se avanza a tientas entre el caos y los enigmas.

Sin embargo, Borges no plantea soluciones, siembra nuevos interrogantes siempre en un juego de espejos en que lo real y lo ficticio se imbrican, en que la palabra explica pero es un nuevo engaño del autor, un nuevo velo que se descorre para llevarnos a otro espejismo. Recuerdo haber leído "La Literatura Nazi en América" de Roberto Bolaño, y haber tardado bastante tiempo en darme cuenta de que todos los personajes y situaciones eran ficticios. Algo así sucede con Borges, con la salvedad de que él concluye la narración dejándonos con un poso de duda ¿fue esto lo que sucedió?


"Hubo por primera vez la muerte.

Ya no recuerdo si fui Abel o Caín."


Borges juega con la dualidad en la unidad en los arquetipos de Caín y Abel, Jesús y Judas, entre otros. Metafóricamente, detrás de la apariencia, ambos son uno y lo mismo. Al igual que los gnósticos, Borges sugiere que para alcanzar la plenitud, hemos de pasar por el sufrimiento y la infamia de modo que tanto víctima como perpetrador restauran el equilibrio al experimentar el desgarro del dolor y la toma de conciencia que viene tras este dolor. Esta noción de igualdad en la dualidad tiene su correlato en los conceptos de real y ficticio puesto que ambos coexisten imbricados: para hablar de lo real tenemos que recurrir a lo ficticio, al cuento, a la metáfora, de tal forma que ambos devienen reales o irreales según la perspectiva con la que los observemos.

He hablado de Dios, pero en mi opinión Borges no busca a Dios, o a la Diosa, como es el caso de Graves, en un sentido místico; su anhelo es la comprensión del universo. Toda su literatura es la búsqueda de una clave, y esa clave le conduce a la dimensión artística (más que a la espiritual) en la que el autor puede convertirse en el hacedor, en el demiurgo que inventa su propio cosmos, pero es a la vez moldeado por todo el corpus literario que precedió su obra. Un autor es a la vez creador y reelaborador en tanto que recoge elementos pertenecientes a una realidad preexistente. Dicha realidad puede presentarse tanto como un ámbito relativo al mundo platónico de las formas puras, del que extrae temas y metáforas, como vinculada a un canon literario que puede interpretar consciente o inconscientemente.


"Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas

circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, ni siquiera una

vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los

hombres."


El libro es la metáfora definitiva de la vida, del universo, el azar y el destino, porque ya ha sido escrito, pero tenemos que leerlo página a página para conocer su contenido; porque es la obra de un creador que a su vez repite metáforas y conceptos arquetípicos que ya estaban ahí antes de que él los escribiese; porque el alfabeto es un conjunto de signos que adquieren vida propia, un hálito, una esencia: Aleph es el impulso creador, el principio que contiene el todo, tiempo y espacio, pasado y futuro. Así, la letra deja de ser sólo una grafía para convertirse en un símbolo que contiene otro símbolo que contiene otro símbolo en un contínuo que va desde el micro al macrocosmos. Aunque el contenido sea de naturaleza más especulativa que espiritual, como ya he apuntado, nos retrotrae a textos místicos como el Principio de Correspondencia del Kybalion: "Así arriba como abajo, así dentro como fuera."

De esta manera, Borges sacraliza la potencia generativa de la escritura trasladándola al universo de lo profano de forma que la palabra escrita es en sí misma justificación de su necesidad y su existencia.

Y tirando del hilo un poco más, me viene a la mente otro tema relacionado con este. No sé realmente si lo he leído o lo estoy imaginando, pero me parece recordar a Joseph Campbell comentando la obra de Joyce y aventurando la posibilidad de que el texto contenga significados que son desconocidos para su autor, o por lo menos insconscientes, pero que transmiten una información, un conocimiento, que será desvelado por generaciones posteriores.

Me he alargado más de lo previsto con Borges, algo que no me extraña, por otro lado. Dejo a Graves para la próxima entrada de este blog.


Bibliografía: Jorge Luis Borges, El Aleph.

                    Edna Aizenberg, El Tejedor del Aleph.





Poema y texto: Brunhilde Román Ibáñez

Imagen: internet

viernes, 17 de septiembre de 2021

Lisboa

     Este verano habría vuelto a Lisboa con Izara, habría caminado sin rumbo por las calles empedradas o tal vez me habría llevado "Una Vida Absolutamente Maravillosa" de Vila-Matas y habría recorrido su mismo camino: el Janelas Verdes' Dream, pasando por el Tajo y Mario de Sá-Carneiro "Yo ni soy yo ni el otro./ Yo soy algo intermedio." Volvería a retomar el hábito de hablar con Tabucchi como el amigo Pereira (afirma Pereira que de há uns tempos a essa parte adquirira o hábito de falar com o retrato da mulher). Me encontraría de nuevo con Eva, que me llevaría a esos sitios maravillosos que ella conoce en el corazón de la ciudad y quizá recitase a Valente en diferentes lugares, como la última vez. Quizá lloviese y las calles reluciesen de humedad bajo un cielo plomizo de gaviotas. Un cielo como para escribirle a él, a Pessoa, por supuesto.

    Pero no he ido. Por eso escribo, para poder volver. Ahora que termina el verano, la saudade de Lisboa me envuelve, incluso con el pesar de lo no vivido. Escribo para revivir en mi memoria algo que no ha sucedido, para darle cuerpo a este anhelo, para existir en él con la alegría del regreso. Lisboa, espérame, que yo aún te espero.


                                                 Lisboa

                                                                                       Para Izara Batres y Eva domínguez


                                        Y volveremos a reunirnos

                                        en esos mares que juntó Pessoa 

                                        cuando el alma pisaba la herida de estas calles

                                        y en las gaviotas ondeaban 

                                        los cielos de Lisboa.

                                        Y su voz

                                        su voz sobre la noche

                                        su voz de convertirse en hilos infinitos

                                        ante el dios viviente

                                        arrancado del escalofrío de las aguas.

                                       Su voz desnuda al fin de la apariencia

                                        se demora un instante

                                        como un café lejano y otoñal

                                        perdiéndose entre los dedos de la lluvia.

                                        Y el océano al fin reunido 

                                        en los ojos de Eva

                                        en los ojos de Izara

                                        en el vacío azul que ya no tiembla

                                        en el temblor de la luna sobre el signo de Cáncer.

                                        Ante las aguas

                                        brotaban como espigas

                                        la risa de Eva

                                        la risa de Izara

                                        el amanecer del mundo.

                                        Descendió la palabra

                                        sobre el Tajo gris

                                        inmóvil la palabra

                                        alumbrando las voces de Pessoa

                                        sus oros extinguidos

                                        la misma mano melancólica

                                        acaso escribiendo

                                        el último cielo de Lisboa

                                        para que sea al fin

                                        para que sea

                                        flor escrita en la noche

                                        palabra liberada

                                        así en la vida

                                        como en la voz que queda

                                        sobre el noble escalofrío de las aguas.


Brunhilde Román Ibáñez



                                                Con Eva, entre el cielo y el océano.


Y para quienes no pudisteis acompañarnos ese día, aquí añado el vídeo de la presentación de Animal Profundo en La Forja de las Letras.

https://www.youtube.com/watch?v=j3-77swmYxk&ab_channel=Librer%C3%ADaLaForja

jueves, 3 de junio de 2021

De Garrapatas y Hombres

 

    Encontrándome en el puerto de Espasante acaeció que hallé una garrapata en mi pantorrilla (realmente eran dos garrapatas, una encima de la otra). Luis me dijo que no pasaba nada, que podíamos ir al coche y echarle un poco de pasta de dientes o pedirle a alguien una colilla de cigarro y acercársela a ver si con eso se iban. Agobiada como estaba por el temor a la enfermedad de la garrapata salí al galope en dirección al coche. Pasando al lado del puerto divisé una caravana y junto a ella tres hombres asoleándose y comiendo marisco en una mesa plegable. Uno de ellos estaba fumando. Dirigí mi galope hacia allá y le pedí prestada la colilla. El hombre rápidamente me ofreció su puro (que era lo que estaba fumando) y una silla plegable para que pusiese el pie encima. Otro de los hombres - un andaluz- dijo que lo que había que hacer era arrancarla y allá fue con las zarpas extendidas, pero Luis dijo que no, que si la arrancaba y dejaba la cabeza dentro podría tener una reacción histamínica. El del puro, que iba desnudo de cintura para arriba, empezó a explicar que él era gallego pero que venía de Cuba y que lo mejor para quitarme la garrapata era que me tomase una copa de ron, el tercero, el ideólogo del grupo, dijo que lo mío no era nada, que él tenía dos disparos en la espalda y que no se quejaba tanto. Para demostrarlo se dio la vuelta y enseñó dos marcas bajo los omóplatos.

- Es que es un contrabandista- explicó el que llegó de Cuba.

A todo esto a mí me empezó a dar un ataque de risa, el andaluz blandió entonces un cuchillo que había sobre la mesa y dijo que lo mejor para liberarse de la garrapata era cortar.

Al final, el ilustrado de las balas bajo los omóplatos entró en la caravana y sacó una servilleta de papel empapada en aceite, que era lo que usaba él cuando iba por el monte y cogía garrapatas y que él no armaba tanto escándalo porque estaba acostumbrado a esos bichos y no les tenía miedo y que no era contrabandista. Me fui muy contenta mientras el que llegó de Cuba me decía que si todo fallaba lo mejor para quitarme la garrapata era el marisco.

Tras ese cónclave epicúreo-estoico regresamos a casa. Luis miró con la lupa, dictaminó que las garrapatas estaban muertas y las sacó con unas pinzas y la cabeza con una aguja. Recordé al Steinbeck de De Ratones y Hombres y a Lenny diciendo: "y yo les apretaba un poco la cabeza, y entonces se morían."

Fin




viernes, 15 de enero de 2021

La Historia Interminable como paradigma de la Nueva Humanidad

 La Historia Interminable como paradigma de la Nueva Humanidad.

Tomo el término "Nueva Humanidad" de Emilio Carrillo. Me parece pertinente utilizarlo porque en La Historia Interminable, el acto de nombrar da lugar a una nueva creación en el reino de Fantasía, al igual que en nuestros tiempos, renombrar el caos, la incertidumbre, la caída de estructuras y el surgimiento de otras, bajo el epígrafe de Nueva Humanidad, nos da la oportunidad de resignificar la experiencia y darle un foco, poner la atención más en aquello que queremos construir que en lo que tratamos de evitar.

La Historia Interminable comienza con la extensión de la Nada, que es algo que no se puede describir, algo que hace desaparecer ciudades, bosques, pueblos y gentes. Donde ayer había una montaña, un río, hoy no hay nada, todo pierde sus contornos, simplemente deja de existir. Esta Nada va precedida de una especie de desaliento gris que va marchitando, corroyendo la vida. Cuando la Nada se aproxima las personas, los animales y las plantas empiezan a decaer, a marchitarse, a perder la vitalidad, a dejarse llevar por el desánimo y la tristeza. Es entonces cuando la Emperatriz Infantil llama a Atreyu, para que busque al salvador del reino de Fantasía. El salvador deberá dar un nuevo nombre a la Emperatriz antes de que el reino se extinga devorado por la Nada. Nos encontramos aquí con el acto de nombrar como acto de creatividad, algo tiene que nacer pero primero hay que llamarlo, nombrarlo, darle una esencia, una sustancia. El tiempo de la Emperatriz ha Acabado, una nueva realidad tiene que ser creada y al pronunciarla la hacemos consciente, sabemos qué está pasando y qué es lo que tenemos que hacer: inventar un nuevo nombre, una nueva manera de entender la experiencia.

La Emperatriz sabe que su tiempo se acaba porque su existencia es cíclica. Cada cierto tiempo debe cambiar de nombre para dar paso a otra realidad ¿Por qué es tan importante el nombrar? En Parsifal se nos cuenta la historia del joven guerrero que llega al palacio del rey Anfortas, a la tierra baldía, pero Parsifal tiene miedo de preguntar, de verbalizar aquello que tiene delante de los ojos, ve la tierra yerma y no hace la pregunta que podría haber salvado a Anfortas y su reino. Calla, y los ciclos de fertilidad, de renovación de la tierra, no pueden producirse. El reino permanece estéril. Nombrar es crear aquello que está por venir, creer y crear su realidad, permitir que una nueva etapa, una nueva creación ocupe el lugar de lo anterior. También J. G. Frazer nos cuenta la historia del guardián-rey-sacerdote del bosque de Nemi, que sabe que su destino es morir de manos de quien ha de reemplazarle, del próximo guardián, del próximo movimiento cíclico porque su tiempo ha terminado y otra cosa, otro rey ocupará su lugar. Del mismo modo, la Emperatriz Infantil debe morir. Alguien tiene que otorgarle un nuevo nombre para que la vida siga, porque su destino está ligado al destino de todo su reino. El cambio de ciclo en nuestra realidad de 2021 es asimismo irrevocable, tal y como el paso de las estaciones, de las etapas de la vida: niñez, adolescencia, juventud, madurez, vejez y muerte. Pero la muerte es otro paso hacia otra dimensión más grande. La Emperatriz no muere realmente, muere a un nombre, a una etapa, para hacer posible que surja una nueva etapa desde una consciencia expandida, igual que la juventud expande la consciencia de la niñez y la madurez expande la consciencia de la juventud. La muerte también es una expansión hacia algo más grande. Y en este periodo de la existencia, el Kali Yuga, el final de los tiempos, la vieja conciencia debe morir para dar paso a algo nuevo, a esa Nueva Humanidad, a ese nuevo nombre. Porque la transformación es necesaria e irreversible, porque la vida busca su próximo nivel de expansión. Frente a la incertidumbre, el miedo, el caos, está surgiendo la necesidad de una transformación individual y colectiva. De un nuevo modo de mirar y entender la Vida y de entendernos como individuos y como especie. En este sentido, volvamos a La Historia Interminable. Atreyu representa un estadio de la conciencia que indaga, se cuestiona, confía, actúa desde su guía interior. No siempre le salen las cosas como él quiere pero siempre persevera. Bastian, que dará el nuevo nombre a la Emperatriz para así salvar el reino de Fantasía, por el contrario, se ve a sí mismo como un niño apocado y débil. Bastian va adquiriendo consciencia a través de Atreyu, le va siguiendo en todas sus aventuras y llega un momento en el que se da cuenta de que Atreyu le está llamando a él, y no acaba de creérselo ¿por qué él? un niño impotente, débil y asustado que se esconde para leer un libro. Bastian no se considera muy listo, ni fuerte, ni valiente, pero tiene un don: le gustan las historias y sabe cuál es el nombre que pondría a la Emperatriz. Él representa la conciencia que quiere ir del ego al ser. Todos estamos llamados a salir de los límites de lo que creemos posible, la realidad esencial es que, al igual que Bastian, cuando todo está perdido, sólo podemos confiar. En la vida, en nuestros recursos interiores, en que esto tan duro que estamos viviendo también pasará, en que saldremos adelante como individuos y como especie, y algo nuevo tendrá que surgir.

Una vez que la Emperatriz se ha convertido en la Hija de la Luna, Bastian irá creando progresivamente un nuevo mundo a partir de la Nada, pero al mismo tiempo va olvidando quién es. Su camino de vuelta consiste en recuperar su identidad, o de recrearla, pues ya no podrá ser nunca la misma del niño tímido de antes. Se trata de emprender el regreso con todos los aprendizajes, toda la experiencia vivida, toda la memoria de su paso por Fantasía, desidentificándose del pequeño yo para volver al Ser. Esta es la verdadera vuelta en espiral, un impulso a una consciencia más grande, a través de penalidades, alegrías y dudas. Y en este viaje que emprendemos hacia otra forma personal y colectiva de estar en el mundo, no estamos solos, al igual que Atreyu y Fújur están ahí para Bastian, muchas personas comparten la misma inspiración, el mismo deseo de crear otra realidad posible dentro y fuera de cada uno de nosotros. El viaje siempre es interior, pero no lo estamos haciendo solas, estamos construyendo, sembrando desde nuestra común humanidad. Sabiendo que quizá la transformación no la percibamos hoy o mañana, o el año que viene, pero ya está sucediendo, y no hay vuelta atrás.



Mi personaje favorito del libro, Fújur, el dragón de la suerte.



Brunhilde Román Ibáñez

Imagen: Internet















lunes, 30 de noviembre de 2020

Isadora Duncan: el poder de la danza

 

Un poema y un breve recuerdo sobre la vida de esta genial bailarina.


ISADORA


La madera rompe el llanto

incierta entre tus sombras

te mueves y tus pies pronuncian

el rastro de lo eterno


decir no es durar

es mover la palabra

que nunca termina

de decirse

el idioma que antecede

al círculo y la piedra

tus pasos y la gracia obstinada

de un sol rompiéndose

al declinar la tarde


Isadora,

la herida es el abrazo anterior al olvido

la herida es la palabra

que se entrega a las almas

en la orilla dormida


Isadora,

lava la voz, anégala en tu danza, hazla girar

donde la herida termina

y comienza a decirse sin palabras

el misterio

de tus pasos de lluvia

sobre la sed del mundo



Sobre la vida de Isadora:

A veces unos pies tocan la gracia para hacernos amanecer como si fuera el primer día de la tierra y hubiésemos sido creados tan sólo para mirar esos pies absortos en la danza, Su movimiento extraordinario, una especie de milagro que suspende las horas vacías y prosaicas para sumergirnos en el tiempo sin tiempo donde se revela lo que es verdadero y profundo. Entonces ella danza, los pies y las manos que son olas, el mar transformando un cuerpo mientras los espectadores reciben ese alimento que alumbra los días plomizos, los días de la triste cordura, siempre exacta y mediocre.

Isadora fue de todo menos mediocre, nació como empuja un árbol hacia arriba, con los brazos aferrándose a ese cielo que sería suyo algún día y los pies haciendo nueva la tierra. Creció bailando para ayudar a la familia, se fue a Europa, tuvo una vida resplandeciente y trágica, conoció el dolor sin límites de perder a sus hijos y el accidente mortal de la bufanda de seda enredada en las ruedas del coche. Pero también supo del coraje, de vivir una vida plena de encantamiento, de comunicar el sentido de las cosas sin palabras, de crear un cuerpo nuevo para la danza sin los corsés y las rigideces del ballet clásico.

Igualmente admirada y denostada por salir al escenario envuelta tan solo en transparencias, sus dedos y sus pies contaban las historias de las urnas y los mitos griegos, pero no sólo eso, también contaban la vida de ella, de Isadora, de su propio fuego creador, el vivir poseída por ese misterio donde habitan y se confunden lo sublime y la materia. Fue Afrodita Pandemos, la que escribe con las manos de todos los días, y Afrodita Urania, la celeste, la que viene con el mensaje de los dioses en sus dedos. Amó y vivió intensamente, conmovió al mundo y fue conmovida por el poder y la pureza de su propia danza. Arriesgó, fue ella misma hasta el límite, supo extraer de los pozos del alma una forma de belleza y conocimiento nuca vistos para ponerlos a los pies del mundo.



Texto y poema: Brunhilde Román

Imagen: Internet













lunes, 19 de octubre de 2020

Para el perdón, para el don

 Sobre el perdón

Me encanta buscar la etimología de las palabras. A veces son como llaves, cifras o códigos que hay que descodificar, otras veces la palabra lleva el significado a cuestas como un caracol de manera obvia y visible. Perdonar o per-donar, igual que en el inglés forgive, for-give es una de ellas. A veces tropiezo en la palabra pero sólo la encuentro verdaderamente cuando me dejo caer en ella, porque realmente perdonar significa participar de un don, elegir una realidad y transformarla. Y no estoy hablando del pequeño perdón, del que se hace desde un falso sentido de superioridad, del de expiar la culpa. No, no hablo de crimen y castigo.

El perdón es un estado del alma por el que renunciamos a permanecer anclados en un pasado, después de haber hecho nuestro duelo, tomado las medidas oportunas o haber hecho lo que sentimos que era necesario en esa situación (ya sea una toma de conciencia, medidas legales, una conversación o cualquier cosa que sintamos que requiere una acción). En ese estado del ser hay un reconocimiento de lo que fue y hay una elección, un continuo de senderos que se bifurcan, de posibles cursos de acción. Entonces, perdonar no significa negar u olvidar, sino que yo ahora estoy escogiendo un sendero diferente de aquel por el que he venido, me estoy ofreciendo la oportunidad de cambiar de dirección, de dimensión de la experiencia, estoy resignificando mi mundo, y al hacerlo resignifico ese cruce de caminos, esa compleja red de surcos neuronales, de estados de conciencia. Me ofrezco el don de cambiar mi mundo, de hacer un movimiento que modifica todo lo anterior y al hacerlo estoy transformando mi futuro porque he pasado a un camino que va a conducirme a lugares diferentes, con personas y circunstancias diferentes.

El perdón no sólo es un acto de libertad, compasión o conocimiento, sino también un salto creativo, un salto evolutivo por el cual hacemos cambiar el escenario de nuestra existencia. Asimismo es un don para la persona a quien lo ofrecemos; no lo justificamos, ni nos escondemos de tomar medidas, tener una charla, recurrir a la justicia o aquello que nuestro yo más elevado se sienta llamado a hacer, pero dejamos a la persona con la responsabilidad de sus acciones sin juicio, sin miedo, sin culpa. Cuando hay ausencia de juicio la persona también obtiene el don de la libertad para ser ella misma, a partir de ahí puede replantearse su conducta, o no, pero asistimos a su elección desde el no juicio, desde la ecuanimidad. Como digo, no se trata de que en el mundo de la forma la persona no confronte lo que ha hecho, sino que, desde otro nivel, vimos que sus elecciones la llevaron a este lugar y que también esa persona es capaz de modificar sus elecciones. Que lo haga o no deja de ser asunto nuestro. El don está ahí para que lo tomemos. Es nuestra elección.

Hay veces que nos esforzamos por perdonar desde el intelecto porque "es lo que hay que hacer", "porque es lo que dice mi religión, o el karma" o lo que sea, pero las emociones permanecen. No luches, en el interior de ese sufrimiento también hay una ofrenda, la de la escucha. Escucha la información de tu parte más vulnerable, que es la que se está manifestando a través de esa emoción: el miedo, la ira, los celos, la inseguridad, el odio, la adicción.


El perdón es un acto de escucha a nuestro interior.


Concedámonos esa ecuanimidad, esa compasión y confiemos en el proceso. Amemos esas partes de nuestro interior que necesitan ser miradas, reconozcámonos en ellas, dejemos de perseguir el perdón. Vendrá, en el momento justo, despacio, como un aliento, una llamarada o un fulgor, o no, pero en ese acto de escucha habremos ganado un espacio de aceptación y de libertad interior que nada podrá quitarnos. Y esto será el más grande acto de amor que podamos realizar para nosotros y para el mundo.



Brunhilde Román Ibáñez

Créditos de la imagen: Diana E. Martín Herrero


jueves, 27 de agosto de 2020

El Pintor

                                                                El Pintor

    La mano redime al pintor, lo crea en cada trazo. No, él no pinta el mundo, Dios pinta a través de él, es la mano de Dios la que pinta al pintor y a la vez es la mano del hombre, la que repite el gesto de todos los pintores. La mano es múltiple, nunca es una sola la que está fabricando ese mundo nuevo. Es la mano que recoge colores como recuerdos, todo estaba allí, ha salido de su palma, todos los colores, incluso los que el pintor todavía no conoce, están allí, los va creando mientras se crea, mientras crea a Dios con la misma mano: el espesor verde de la lágrima o la escarcha, los pájaros amarillos de Klee sobre un fondo de silencio y metal, el brillo agreste de la mujer de Rousseu, el aduanero, el orgasmo de flores en la mirada azul de Georgia O'Keeffe, el mar opaco que recoge el incendio de las cumbres de Friedrich.

El pintor tiene una mano manchada, la mano tiznada del laborar cotidiano con los materiales bastos de la vida: el trabajo sucio, el desorden, el cansancio, el peso de lo incierto. Pero la otra mano, esa no conoce la gravedad, está anclada en el infinito, se mueve por los lienzos con el poder solar de sus dedos en danza, de la caricia ante el papel rugoso. Es el amante que viene al cuadro como al renacer, con el agua fresca del día del primer amor.

 El pintor presiente la vida con su mano, los ruidos, los ecos, las palabras calladas. Se toma a sí mismo de la mano, como el niño a su juguete viejo, a un osito un poco destripado. Se oye a sí mismo decir: "Toma mi mano, mira sus líneas, la forma de sus dedos, la levedad de las uñas dormidas como esfinges. Tú me hiciste con ella, diste la forma y el nombre a lo no visible, a lo que latía antes de la mirada. Participaste en la creación del mundo. Déjame tocarte ahora como si siempre hubiéramos de ser inmortales."



Gustav Klimt, , el Abrazo, o Fulfilment, en el friso Stoclet, Viena.

También por aquí, incluyo mi entrevista en el programa "Cantando al Erotismo": estuvimos hablando sobre erotismo, desde luego, pero también sobre poesía, danza, viajes y más. 

https://www.facebook.com/watch/?v=1034419226976525&extid=xRKJqwmElbJqZxL6 

viernes, 31 de julio de 2020

Dos Poemas de Alberto Morate

Por supuesto tenía que ponerlo por aquí, el poema que Alberto dedica a mi libro, Animal Profundo. Con la misma fiereza y sensibilidad, con la misma búsqueda y el mismo sobrecogimiento. Por el amor a la palabra, al verso que nos lleva más allá de lo decible.


Te conviertes
en todas las mujeres
y en todas las diosas,
miras hacia dentro
ofreciéndonos toda tu luz,
y recoges en tus versos
la historia y los sentidos.
Sí, eres la lluvia,
y la penumbra,
y la tierra húmeda,
y el rocío cuando tiembla,
la luna que se oculta tras las nubes, pero que siempre está.
Has entendido el rumor del agua,
la mano del espejo que nos acaricia,
y perdura la voz,
irrumpes en mi tarde sosegada.
Has entrado sin llamar,
casi no me daba cuenta de que estabas,
te leía medio adormilado,
hasta que me empezó a ser imprescindible tu presencia,
tus versos,
tu “animal profundo”.
Aún estalla tu luz en mi retina”,
lo que hay más allá del silencio,
y aunque digas que lo haces rutinariamente,
esculpes los sueños
sin importarte su final.
Aúllas desde el mar y desde la sangre,
que es una forma de llanto,
y de camino hacia la libertad de la noche
donde todo puede ser.
Vas callando hacia dentro”
y te escucho bailando en las hogueras
con tu voz poniéndose en pie,
con la palabra perpetuándose,
con la palabra “abierta entre las manos”
y cuando solo quede una
que se confunda con un grito.
No, tu poesía no es una enfermedad incomprendida,
te juegas la piel en cada verso
y nos haces volver de lo imposible
hasta que “el silencio
alcanza su secreta resonancia”
y ya tu voz, tu lamento, tu respirar,
está en cada diosa
que nos habita.

Alberto Morate

Y otro poema, también de Alberto, cuerpo al filo del alba, en el deseo de más vida, de saciarse en un amor sin fronteras. Quedarnos, explorar los territorios de lo desconocido en el cuerpo amado, en el alma que ríe y se desnuda sin prisas. Conocer en la fuerza original de la caricia en la que podemos ser, simplemente, desde el gozo y su verdad.

Ser visible y no estar cerca,

estar vivos y parecer espíritus en la niebla.
Me conozco ya de tu interior algunos páramos,
pero juntos hemos abierto veredas,
alianzas emocionales,
estrellas comunes, experiencias.
Nos falta una posible unión
que llegará un día cualquiera.
No hay prisa en este mar,
en este bosque de letras,
hemos entrado gratuitamente,
sin visados ni documentación en regla,
en la vida uno del otro,
y te sueño mientras duermes,
y te desvelas al notar mi presencia.
Somos dos cuerpos
sin límites,
una línea de ida y vuelta,
y no buscamos la salida,
queremos quedarnos a vivir en ella.

 del poemario "En Un Momento"

Alberto Morate es poeta y dramaturgo, profesor y seguramente varias cosas más que no sabemos. Lo podéis encontrar en albertomorate.com, en facebook (Alberto Morate) y en cualquiera de los poemarios donde cohabita felizmente con su palabra desde hace muchos años.



El retrato es de Carmen Okamika Garabilla.