Despedida de Palmira
La estatura de la luz, la cintura del viento
como un hombre coronado de sol, tu piel se amotina,
tu piel es una estepa, un cielo invertido ardiendo
en el corazón del mundo
tu piel es una llamarada
una caravana cruza la espina del desierto sobre tu espalda
mi boca es una ofrenda
Recuerda el tiempo cuando Palmira aún era un hechizo
cuando su nombre aún no estaba huérfano
y brillaba azul en las lenguas de los nómadas
cuando la frente de Zenobia señalaba el mediodía de la tierra
Te he llevado en mi rostro desde el inicio del tiempo
escribí el futuro en el temblor del acero
tú eras arena
yo te entregaba el poema que moriría en tus labios
La mirada de la luz, los párpados del viento
como un hombre nacido para libar del día,
tu piel es ámbar y yo la acojo en mis manos
Mira por última vez la gloria de Palmira
los templos que dibujaron la rueda del sol sobre la piedra
Nabu, dios cincelado en el polvo del valle de las tumbas
los jardines de los árboles del dátil,
dádiva del sol sobre el valle del Cauca, sobre las cabañas del Táchira,
Cienfuegos, Veracruz, Maranhao, Basilicata.
Retén esta memoria, esta ciudad aniquilada, el espasmo del dios
que concibió Kavafis
Tú que partes para no volver
nunca olvides la tierra que aún recuerda tus pasos
mira por última vez la grloria de Palmira
mientras las cosas mueren
el mundo gira, tenaz, en torno a tu mirada
Poema ganador del Premio Speciale Della Critica en la primera edición del Premio
Letterario Menéndez Pelayo organizado por diversas instituciones italianas.
Addio a Palmira
La statura della luce, la vita del vento
come un uomo incoronato de sole, la tua pelle si ribella
la tua pelle è una steppa, un cielo rovesciato che brucia
nel cuore del mondo
la tua pelle è una fiamma,
una carovana attraversa la spina del deserto sulla tua schiena
la mia bocca è un'offerta
ricorda il tempo in cui Palmira era ancora un incantesimo
quando il suo nome non era orfano
e brillava di blu nelle lingue dei nomadi
quando la fronte di Zenobia indicava il mezzogiorno della terra.
Ti ho portato sul mio viso dall'inizio dei tempi
ho scritto il futuro nel tremore dell'acciaio
eri sabbia
ti ho dato la poesía que sarebbe morta sulle tue labbra.
Lo sguardo della luce, le calde palpebre del vento
come un uomo nato per sorseggiare il giorno
la tua pelle è ambrata e la tengo tra le mani
guarda un'ultima volta la gloria de Palmira
i templi che tracciavano la ruota del sole sulla pietra
Nabu, dio scolpito nella polvere della valle delle tombe
i giardini delle palme da dattero,
dono del sole sulla valle del Cauca, sulle capanne di Táchira, Cienfuegos,
Veracruz, Maranhao, Basilicata.
Aggrappati a questo ricordo, a questa città annientata,
allo spasmo del dio concepito da Kavafis
Tu che parti per non tornare mai più,
non dimenticare la casa che ancora ricorda i tuoi passi
guarda un'
ultima volta la gloria de Palmira
mentre le cose muiono
il mondo gira, tenace, intorno al tuo sguardo.
Brunhilde Román Ibáñez
